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Aromaterapia científica

Ximena Gonzales

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El término aromaterapia fue acuñado en 1928 por un químico francés, René Gattefosé, aunque los beneficios terapéuticos de los aceites aromáticos ya se valoraban en civilizaciones muy antiguas, como la india. La aromaterapia moderna fue reconocida como medicina capaz de curar gracias al cirujano francés Jean Valnet, quien durante la Segunda Guerra Mundial trató con aceites a los soldados heridos.
No obstante, y a pesar de la incuestionable eficacia de esta terapia, factores como la competencia de los laboratorios de productos químicos de síntesis, mucho más potentes desde el punto de vista financiero, o el mal uso de los aceites esenciales, hicieron que la clase médica no le prestara mucha atención, hasta que hace unas décadas, el auge de las medicinas complementarias llevó a su redescubrimiento.

Las razones de su éxito
En la actualidad, un equipo de médicos, farmacéuticos e investigadores del laboratorio belga Pranarom, tras quince años trabajando con aceites esenciales, pretende elevar la aromaterapia a un nivel científico competitivo con los productos de síntesis química. «No se trata de enfrentar lo químico con lo natural. Las sustancias químicas de síntesis permiten resultados excepcionales reconocidos en todo el mundo, sin embargo aspectos como los efectos secundarios de ciertos medicamentos y la aspiración actual de los pacientes a soluciones eficaces pero más simples y naturales son la principal razón del renacer de una aromaterapia científica creíble», explica Marie Isabelle de Cort, representante de Pranarom en España.
Cuando se le pregunta por la diferencia entre este nuevo concepto de aromaterapia experimental y los aceites esenciales que se pueden encontrar hoy, Marie Isabelle explica que «radica en la utilización para su elaboración de técnicas de análisis químico muy eficaces, como las cromatografías, la espectroscopia de masas o la resonancia magnética, que permiten profundizar en el conocimiento de las estructuras moleculares de los aceites esenciales, algo fundamental para dar a un aceite un uso terapéutico».

El carnet del aceite
Por otra parte, Pranarom ha desarrollado el concepto de quimiotipo, una clasificación química, biológica y botánica que depende de factores vinculados a las condiciones de vida específicas de la planta de la que se extrae el aceite; es decir, el país, el clima, el sol, el periodo de recolección, la parte de la planta de la que procede, etc. En definitiva, una especie de carnet de identidad de cada aceite esencial que permite darle un uso terapéutico más acertado.

Técnicas para ganar calidad
Marie De Cort asegura que mediante el análisis por cromatografía en fase gaseosa, por ejemplo, se obtiene una relación de todas las moléculas activas presentes en un aceite. También se detecta si contiene plaguicidas y si procede o no de una mezcla, lo que hace posible ofrecer aceites orgánicos, libres de tóxicos, puros, completos (no desterpenados) y de gran calidad.

Pranarom, que lleva algunos años dando a conocer sus esencias en Francia, Bélgica y los países germánicos, comercializa aceites esenciales puros y combinaciones específicas para tratar diferentes problemas de salud, activar las defensas del organismo, purificar el aire, despejar las vías respiratorias, favorecer la relajación y la meditación, repeler insectos, etc. y una gama de productos para consumir por vía oral: cápsulas de mandarina para recuperar el sueño alterado, de albahaca para las digestiones pesadas, de estragón para cuadros alérgicos, etc.
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El caso de Antonia
Antonia Rigau, ingeniera industrial de 31 años, entró en contacto con esta aromaterapia hace tres años, aquejada de una contractura muscular. «Lo había probado todo: relajantes musculares, acupuntura, ejercicios de rehabilitación, corrientes, natación, masaje… pero la contractura seguía ahí. El médico me decía que se debía a una tensión muscular y que debía relajarme, así que buscando opciones naturales y sin efectos secundarios fui a parar a Pranarom. Empecé con las esencias más suaves y comunes (mandarina, lavanda, romero…), poniendo unas gotas en un difusor eléctrico, según mi estado de ánimo, y desde entonces utilizo la aromaterapia para todo.»

Botiquín de esencias
Antonia confiesa que en este tiempo se ha hecho con un botiquín de 42 esencias para todo tipo de dolencias, desde dolores de cabeza y picaduras de mosquito hasta insomnio y problemas digestivos, y también para afrontar mejor el invierno o elevar el ánimo.
«Desde que utilizo aromaterapia no me he resfriado ni una sola vez». El secreto de Antonia son unas gotas de aceite esencial de eucalipto, alcanforero, árbol del té y menta inhaladas a través de un difusor eléctrico. Al inicio de la primavera y a finales del verano recurre a la esencia de limón para hacer una cura depurativa. Se toma por vía oral dos gotas de aceite de limón en una cucharada de miel y procura beber más agua al día.
Antonia ha recurrido alguna vez a las cápsulas de aceite esencial de orégano, que estimulan las defensas naturales del organismo. «Tenía placas de pus en la garganta y tomé durante una semana dos cápsulas tres veces al día. Me fue muy bien. También hice gárgaras con agua tibia y unas gotas de aceite esencial de árbol del té y tomillo».
La aromaterapia ha supuesto para ella todo un descubrimiento, sobre todo como preventivo y paliativo de los desarreglos de salud menores. Le resulta apasionante ir experimentando con los aceites.

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